Perdona, Amaia


Amaia, ya no podrás leer estas palabras porque esta mañana has tomado la drástica decisión de coger una silla, acercarla a la ventana y saltar desde el cuarto piso antes de que te llegara la orden judicial de desalojar tu casa.

Un momento antes de saltar al vacío, en un gesto simbólico, dejaste la puerta abierta, para que pudiera entrar la comisión judicial a ejecutar el desahucio.

Posiblemente tu militancia socialista y los años de reivindicaciones que viviste en el Ayuntamiento de Éibar te hicieron llevar tu lucha hasta la última consecuencia y a lo mejor tu decisión no fue un acto de desesperación, sino una valiente forma de decirle al sistema un BASTA, YA NO PODEMOS MÁS, ENTRAD Y LLEVAROS LO QUE QUEDE DE MI.

Hace justo una semana José Miguel Domingo tomó la misma decisión que tú; y un día después un vecino de Burjassot… y esto seguirá si no hacemos nada por pararlo.

Precisamente hoy el CIS publica el barómetro de octubre: un 90% de la población percibe la situación política actual igual o peor que hace un año y un 80% cree que no mejorará el próximo año (al margen de la percepoción de la situación econónima, que todavía es peor)… la falta de esperanza personal y social es dramática y por eso la política inspira desconfianza e irritación (respuestas más dadas a la pregunta sobre las emociones que genera la política).

Ni un 7% valora la gestión del PP como buena… y aún menos, ni un 6% valora como buena la oposición del PSOE: ambas fuerzas pierden votos y apoyo de una manera constante, ratificado en las pasadas elecciones gallega y vasca.

Con un presente negativo, un futuro descorazonador y unos políticos que irritan y de los que se desconfía, Amaia, todo el mundo tendríamos que hacer algo, tendríamos que asumir la responsabilidad de lo que ocurre.

Tu decisión es una opción que, como la de José Miguel, tiene mucho más impacto que las manifestaciones y las huelgas, porque nos habeis llegado al sentimiento más profundo, pero el precio de vuestras vidas es impagable para una sociedad que os aprecia, os quiere y os necesita, precisamente a quienes tenéis la sensibilidad para sufrir y la fuerza para hacer algo.

Hace unos meses creí que nosotr@s también podíamos ser activos en esta cuestión, que podíamos unirnos un pueblo pequeño y plantar cara a los bancos forzándoles al menos a firmar el acuerdo de buenas prácticas bancarias; no iba a ser mucho, quizás un simple gesto simbólico, como el tuyo Amaia, aunque menos valiente y dramático, pero no pudo ser porque aún es más fuerte el rencor que nos atenaza que la fuerza que nos une.

Nos dividimos en derechas e izquierdas, como si fuéramos burros tirando hacia lados opuestos, mientras nos creemos todavía con la seguridad de no haber abierto nuestras puertas a la comisión judicial; nos permitimos la visión de tu cuerpo roto por el impacto contra la acera creyendo que somos ajenos al drama que vemos por la pantalla.

Ha hecho falta tu suicidio para que el Gobierno Vasco pida moratorias, pero no es suficiente; ha hecho falta tu vida para que el PP y el PSOE anuncien conversaciones, pero no es suficiente. Hace falta que tu muerte no cierre, con la cremallera del saco de traslado de cádaveres, la necesidad de dar solución humana a problemas económicos.

Yo formo parte de unos de esos proyectos políticos infravalorados y que generan desconfianza, el que además tiene actualmente la responsabilidad política por las consecuencias de la crisis económica y moral; no puedo ni debo mirar a quien la generó, ni a quien se beneficia de ella, porque eso ya no es útil, sino a quien ha perdido la esperanza y, como tú, Amaia, tiende la mano pidiendo ayuda. Sois vosotr@s la fuerza necesaria para seguir creyendo que en este proyecto hay gente capaz de liderar el cambio, de afrontar el futuro con valor y determinación, de ceder sus privilegios para ponerse al lado del más necesitado, porque la historia nos enseña que una de dos: o quien detenta el poder tiene el valor de cederlo, o el que lo sufre terminará por intentar arrebatárselo: si las personas no cambian las leyes, a lo mejor lo que hay que cambiar es a las personas y los palacios que habitan.

Me gustaría creer que tu muerte será la llama que nos unirá, que no dejaremos que nadie más pase por lo que tú y los tuyos habéis pasado… pero te pido perdón, Amaia, porque nuestras propias incapacidades, nuestros miedos y nuestras inseguridades no nos dejarán tomar la acción de nuestras vidas, porque todavía no tenemos el valor de afrontar los rencores que nos secuestran… y mientras tanto los intereses bancarios correrán al ritmo de las cedulas de citación y seguiremos contestando a las encuestas como máxima expresión de nuestro rechazo y nuestra ira, mientras las aceras seguirán llenándose de comisiones judiciales que levantarán los cadáveres de las personas que otra comisión judicial iba a desahuciar.

Mientras llega ese cambio, perdona, Amaia, por presentarme ante la visión de tu cuerpo inerte, todavía con las manos vacías y el corazón quebrado.

Descansa en paz.

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5 Responses to Perdona, Amaia

  1. leonet24 says:

    En la primavera árabe también han hecho falta muchas muertes para echarlos, aquí el sistema mata, pero de otra manera, aquí es legal…

    • @leonet24: en la primavera árabe la gente muere protestando, aquí protesta muriendo (al menos creo que ese es el signo de la muerte de Amaia); allí están imbuidos de la ilusión de un proyecto común, aquí de la desesperanza de un presente negro y un futuro peor (resultado del barómetro del CIS).
      Necesitamos proyectos, necesitamos creer en nosotr@s mismos, necesitamos ilusión para impulsar el cambio, porque al final, la responsabilidad es nuestra.

      • leonet24 says:

        Cuánta razón cuando te refieres a la protesta. Desde luego, antes de cambiar necesitamos creer en qué. Lo que pasa que nos tienen pillados por ahí en cuanto nuestras pensiones, educación, sanidad dependen del dinero prestado. O eso es lo que les interesa hacer ver antes que cambiar la maquinaria del Estado, vista por nosotros como una auténtica sanguijuela que se come esa inmensa cantidad de recursos necesarios para lo verdaderamente imprescindible.
        Mucho me temo que si queremos cambiar algo tendremos que implicarnos mucho más, porque no van a hacer nada por nosotros, excepto cuando se ven la soga en el cuello.
        Y que decir de los partidos…han tardado todo esto para ser sensibles a los desahucios, pero porqué? Porque viven del enfrentamiento de sus votantes. No interesa ponerse de acuerdo. Pero claro, esto está siendo tan grave…Pero tranquilo, que si confiamos en los mismos lo harán de forma que no se vean afectados sus privilegios.

  2. @leonet24: acabo de leer esta frase: “La violencia no es el camino que el revolucionario ha escogido sino el camino que la clase dominante le ha impuesto. El pueblo puede hacer dos cosas: doblegarse o luchar”, que en un tono más revolucionario viene a decir lo mismo. Hay un límite, al menos el de la decencia, que ya está sobrepasado. Nos falta, como dices, saber donde dirigir nuestros pasos… e implicarnos más, y no hacen falta grandes aventuras, sólo hay que mirar a nuestro alrededor y responder a la pregunta: ¿qué podría yo hacer ahora para que esto fuera sólo un poco mejor?. Si 40.000.000 nos hiciéramos la misma propuesta, seguro que el cambio sería espectacular.

  3. Pingback: Stop desahucios, desde La Fresneda también « La Fresneda

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