Oportunidad perdida: ¿ahora quien les devuelve la vida?


En el mes de junio el Grupo popular de La Fresneda presentó una moción para liderar un movimiento de Municipios para forzar a los bancos a la dación en pago y, si no, dejar de operar con ellos: fue rechazada por el voto contrario de los representantes municipales del PAR y el PSOE (que detenta la alcaldía).

Hoy leo la noticia que el alcalde socialista de Ares ha anunciado que cancelará las cuentas con los bancos que desahucien a sus vecinos; lamento que hayan tenido que ocurrir dos muertes muy seguidas para que alguien se movilice, porque esto ya se veía venir desde antes. No podremos devolverle la vida a Amaia y José Miguel Domingo, pero sí al menos la dignidad y la esperanza para muchos miles de familias.

Leyendo los comentarios a las noticias, lamento aún más que en La Fresneda el alcalde socialista haya tenido que oponerse a la propuesta que hicimos en su día, atenazado por el odio y el rencor que no deja avanzar hacia delante.

Al final copio y pego algunos de los comentarios que ha recibido el alcalde socialista de Ares y que son justamente lo contrario de los que debiera recibir el alcalde socialista de La Fresneda, pero no como reprobación a lo pasado que ya no sirve de nada, sino para darle fuerzas en un futuro para que pueda soltar esas sogas que desde otro tiempo y otras generaciones le mantienen atado y no nos deja progresar.

Ahora tiene encima de la mesa dos propuestas: una, profundizar en la brecha que divide y otra, el modelo más avanzado de participación cuidadana que une: pasado o futuro; se parece a la reciente pregunta típica que se hace la reciente noche de Halloween: «trick-or-treat»*, pero aquí no nos jugamos caramelos sino algo más serio, porque a veces de nuestras decisiones depende la felicidad de los demás.

*«Trick-or-treat» era una leyenda popular de origen céltico según la cual no solo los espíritus de los difuntos eran libres de vagar por la Tierra la noche de Halloween, sino toda clase de entes procedentes de todos los reinos espirituales. Entre ellos había uno terriblemente malévolo que deambulaba por pueblos y aldeas, yendo de casa en casa pidiendo precisamente «truco o trato». La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato, sin importar el costo que éste tuviera, pues de no pactar con este espíritu (que recibiría el nombre de Jack O’Lantern, con el que se conocen a las tradicionales calabazas de Halloween) él usaría sus poderes para hacer «truco», que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado con pestes o hasta quemar la propia vivienda.

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