Postfeminismo, una realidad por construir


De la mujer objeto a la mujer sujeto.

Un interesante artículo de Emma Zafón en La Comarca, ha iniciado el debate entre Diana y yo sobre cuál es el feminismo actual; no sabía nada sobre la cuarta ola, me había quedado en el feminismo reivindicativo de la igualdad o la diferenciación.

Emma pone el dedo en la llaga con valentía, Diana me abre la puerta del conocimiento y el resultado es que vuelvo a sentir la náusea de una sociedad empeñada en el falo-centrismo masculinista (como dice Lara, “machirulos”).

Para poder comprender a Emma, Diana o Lara, como hombre, tendría que incurrir en el eterno error de considerar a la mujer, no como sujeto, sino como objeto, esta vez de mi observación, mi conocimiento o mi mejor bienintencionada empatía y atribuirme yo, nosotros los hombres, el papel de salvador/es.

aPero la mujer puede que no necesite comprensivos salvadores, sino gente que respete, escuche y se plantee, en mi caso como hombre y en primera persona, si deseo formar parte de ese espectáculo de coros de risas que avalan esas posturas mediocres de objetivación de la mujer, de las que se quejan Emma, Diana y Lara.

Al machismo rancio suele ir asociada alguna forma de homofobia, como la que este verano, en la Plaza Mayor, movía a una inconsciente (y bastante alcoholizada) masa a pegar saltos al grito de “maricón el que no bote”: ¿hay alguien, en su sano juicio, que hoy profiriera un grito de “negro el que no bote” o “moro”, o cualquier otro colectivo humano?; estas actitudes no son justificables en aras de la diversión, como tampoco lo son las que hacen del maltrato animal un espectáculo no menos animal.

Feminismo queer, ciberfeminismo, feminismo transexual, son las diferentes perspectivas del postfeminismo que mantienen abiertos los debates sobre la mujer como sujeto del saber y agente social, como objeto de violencia y discriminación, la utilización erótica del cuerpo femenino, la identidad sexual, el posicionamiento del feminismo frente a los conceptos de género y raza, las tecnologías reproductivas, la imagen de la mujer en las diversas esferas de la cultura*… todas estas cuestiones siguen siendo problemáticas y deben encontrar respuesta individual y colectiva.

Tenemos la capacidad de construir la realidad con la fuerza del pensamiento y las creencias, pero mientras nos llega la lucidez para hacerlo con justicia, es el poder público quien debe impedir que proliferen esas actitudes que nos impiden avanzar como sociedad.

El feminismo no ha muerto, quien tiene que morir es el machismo.

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