Animales, basuras y otras prohibiciones


ImagenAl llegar a casa me he encontrado una nota del Ayuntamiento en que me recuerda las normas que debemos cumplir “sin excusas”… y le siguen varios párrafos más de prohibiciones y “noes”.

Acudo a la misma normativa que debemos cumplir “sin excusas” y veo que es el Ayuntamiento quien, “sin excusas”, no la cumple.

Vale que los dueños de perros no deben ir dejando sus cagadas por ahí, pero, ¿qué es lo que hace el Ayuntamiento con su obligación de ir “ubicando espacios idóneos debidamente señalizados, para la defecación de los perros“?. Artículo 44, Apart. 1.

Cada veo más señales de prohibición, pero no veo ninguna que se preocupe por las necesidades de los demás, y los perros, como todos los seres vivos, las tienen y tienen que hacerlas en alguna parte.

Solución: “El Ayuntamiento vigilará e inspeccionará los recintos habilitados para las defecaciones de los perros y se encargará de su buen uso y funcionamiento“. Artículo 44, Apart. 4. Se supone que se exige una tasa a los propietarios de animales, porque su importe, “sin excusas”, debería ir destinado al mantenimiento del servicio de atención a esos animales pero… ¿no se irá ese dinero también a las fiestas, única actividad en la que se ve la permisividad de la acción municipal?.

Paso página de la nota del Ayuntamiento y ¿qué me encuentro?: una nueva prohibición. Esta vez la amenaza es que no se recogerán las basuras en las que se detecte cristal. De todas las estrategias posibles para fomentar el reciclado (evitar la generación de residuos, motivar la reutilización, valorizar los envases, educar en consumo responsable y, en último término, facilitar su eliminación), la prohibición y la amenaza es la forma de utilizar el poder más propia de los regímenes autoritarios anteriores y la herramienta con la que se sigue aumentando la confrontación social.

¿Se ha pensado en la forma de reciclar de una persona mayor que viva en medio del casco urbano?, ¿debe ir con sus bolsas andando hasta la báscula?… prohibir es lo fácil, lo que no requiere imaginación, compromiso ni esfuerzo alguno.

Llegan los días de verano, la piscina (con su bar que no existe, palabra de alcalde) y el tiempo para disfrutar del parque remodelado, del frontón recién pintado, del canto del gallo al amanecer y del deseo de ser felices, así que las prohibiciones del presente no nos quiten las ganas de disfrutar el futuro.

sin excusas

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